
Este Búho no puede ser ajeno a las celebraciones y homenajes en diversas partes del mundo por los 89 años de nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa. Debo confesar que soy gran admirador de la obra del escritor arequipeño y, es más, mi afición por las letras y el periodismo se inició cuando empecé a los 12 o 13 años a leer sus novelas. Se trata, sin duda, del peruano más universal.
‘89 años. Cuántas vidas en una. ¡Feliz cumple, Varguitas!‘, escribió su hijo Alvaro en las redes sociales, donde también publicó al escritor sentado en la sala de su departamento de Barranco. Un detalle importante es que Vargas Llosa es uno de los sobrevivientes del boom latinoamericano y eso no puede desligarse del colombiano Gabriel García Márquez, ya fallecido.
Se comenta que estas dos luminarias, que se decían ‘hermanos’ entre sí, terminaron su amistad coronada por un furibundo ‘cross’ de derecha de Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez en 1976, en México, a vista y paciencia de los asistentes a la función privada de ‘Sobreviviendo en los Andes’, de la que Mario fue guionista, y que hizo añicos más de una década de incondicional vínculo amical.
Su rivalidad hizo que Mario llamara a Gabriel ‘cortesano de Fidel Castro’. Pero del incidente en México ninguno de los dos dijo una palabra. Fue un ‘pacto tácito’, como lo definió el peruano a la muerte de García Márquez, que el de Aracataca cumplió fielmente. Y Mario Vargas Llosa, al parecer, también cumplirá. Para defenderse y no revelar el misterio, sostuvo: ‘Eso se lo dejaremos a nuestros biógrafos’.
CUANDO SE CONOCIERON: Todos pensaban que ambos se conocieron en el aeropuerto de Caracas, en agosto de 1967, donde el colombiano fue a recibir al peruano, que arribaba para recibir el premio literario ‘Rómulo Gallegos’. Pero ese fue el primer encuentro de carne y hueso, el primer abrazo físico. ‘Descubrí a Gabriel García Márquez antes, a principios de los sesenta, cuando trabajaba en la Radio Televisión Francesa, en un programa literario. De esa manera lo conocí.
Alguien nos puso en contacto y empezamos a tener una correspondencia muy intensa, mediante la que nos hicimos amigos sin vernos. Hablábamos de proyectos literarios, de lo que leíamos y habíamos escrito. Pero también nos había unido el hecho de que ambos habíamos sido criados por nuestros abuelos y habíamos tenido relaciones conflictivas con nuestros respectivos padres’. Tan intensa fue la amistad que después de salir de Caracas viajaron a Lima y dieron la mítica conferencia en la UNI.
El arequipeño aprovechó para estrechar aún más su amistad y bautizó a su segundo hijo, Gonzalo, cuyos padrinos fueron Gabriel García Márquez y su esposa Mercedes. Luego, el autor de ‘La ciudad y los perros’ se mudaría con su familia a Barcelona, donde viviría a pocas cuadras de la casa de Gabriel.
HISTORIA DE UN PUÑETAZO: Si bien la posición en torno a Cuba pudo originar acaloradas discusiones y debates entre ambos amigos, esta amistad, forjada por años como un acero, de ninguna manera se quebró y menos por los veleidosos vientos de la política internacional. Los matrimonios Gabriel García Márquez-Mario Vargas Llosa seguían siendo grandes vecinos en Barcelona, por lo menos hasta 1976, a diez años de aquel abrazo en el aeropuerto de Maiquetía, en Caracas, cuando la amistad terminaría de un salvaje puñetazo.
‘Gabo’ nunca se lo esperó, pues fue a su encuentro extendiendo los brazos con una amplia sonrisa. Lo que recibió fue un furibundo golpe que lo hizo caer de bruces. Sobre lo que le dijo al pegarle la trompada hay dos versiones, que aunque semejantes, se diferencian en una palabrita pequeña pero importante: ‘Por lo que le DIJISTE a Patricia’ y ‘Por lo que le HICISTE a Patricia’.
El colombiano Fernando Jaramillo, estudioso de la vida y obra de Gabriel García Márquez, publicó una versión de los hechos. Él sostuvo que en esos días el escritor peruano andaba ‘con la cabeza caliente’ por ‘una corista’ y se había ‘fugado’ a Nueva York -otra versión dice que se ‘fugó’ pero con una aeromoza sueca. Una atribulada Patricia encontró en el matrimonio colombiano su ‘paño de lágrimas’, pues se hallaba sola en Barcelona con sus dos hijos pequeñitos.
En esas circunstancias, Gabriel García Márquez le habría aconsejado que lo mejor era el divorcio. Pero otras versiones más malévolas afirman que ante la traición del escritor a su esposa joven y guapa, el colombiano quiso no solo ser ‘su paño de lágrimas’, sino también irse de ‘avance’ con su conocida fogosidad caribeña. Apago el televisor.
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