
Cada persona con autismo es única, con sus propias características, preferencias y necesidades. En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo (se celebra cada 2 de abril), es esencial reflexionar sobre la importancia de la inclusión y la compresión de esta condición, no solo para las personas diagnosticadas, sino también para sus familiares.
La doctora Pamela Muñoz, neuróloga pediatra de la Clínica Ricardo Palma, brinda 8 datos que todos debemos conocer:
1. El trastorno del espectro autista (TEA) no es una enfermedad, sino una condición neurológica donde el cerebro procesa la información de diferente manera. No existe un examen neurológico médico específico para diagnosticarlo, ya que se identifica a través de patrones de comportamiento característicos. Por ello, es fundamental que los padres aprendan a reconocer sus síntomas.
2. Los signos más frecuentes incluyen: falta o escaso contacto ocular sostenido, rechazo o inadecuada interacción social, retraso en el habla o poca intención comunicativa (verbal o mediante gestos), aversión a estímulos sensoriales (como ruidos, luces o texturas), frustración si no se respetan las rutinas y dificultad para adaptarse a cambios en ellas.
3. Lo recomendable es que el diagnóstico se dé a partir de los 3 años. Un menor puede ser diagnosticado con autismo; sin embargo, aún antes de los 18 meses puede presentar signos de esta condición. El neurólogo pediatra es quien realiza dicha valoración mediante la observación del comportamiento y desarrollo en consulta médica, donde se realiza una entrevista detallada de los comportamientos y el desarrollo a lo largo del tiempo, además de la observación mediante criterios estructurados.

4. No existe una terapia única para el autismo, ya que depende de las necesidades de cada pequeño. Existen diversas opciones. La de manejo conductual, para que el niño pueda interactuar más efectivamente en un entorno social y entender lo que ocurre luego de una conducta determinada.
La del desarrollo, que trabaja en la orientación de diversas áreas: integración sensorial, lenguaje, fisioterapia, entre otras. Así también, la terapia socioemocional, para que el menor desarrolle habilidades sociales y logre un manejo adecuado de emociones; y la psicológica o terapia cognitivo conductual.
5. Durante la etapa escolar, los niños y jóvenes autistas necesitan un acompañamiento especial. Se recomienda establecer un círculo de apoyo entre maestros, terapeutas y familiares, manteniendo comunicación constante y fijando objetivos claros. Esto les permitirá desarrollar habilidades tomando en cuenta sus preferencias y gustos, lo que los motivará a aprender, compartir y comunicarse.
6. También se aconseja establecer una rutina. Los padres, con la ayuda de los profesores, deben elaborar una agenda con actividades diarias para reducir la ansiedad del menor. Un horario visual es de gran ayuda, ya que le brinda seguridad.
7. Es útil crear una ficha de trabajo para el colegio. Esta debe incluir una secuencia de tareas explicadas de forma breve y clara, con dibujos de apoyo.
8. Usar un lenguaje claro y directo ayuda a evitar confusiones. Por ejemplo, en lugar de decir ‘no corras’, es preferible decir ‘camina’ y, según la comprensión del niño, explicarle las consecuencias de correr (por ejemplo, ‘podrías caerte’).
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